Benito Corolo Maestro de Pescador del Río Narcea
El cangués Benito Corolo, “maestro” de pescadores, recuerda el alimento que dio el Narcea a Cangas y lamenta su deterioro: “Había poco que comer y el río era una ayuda grande”
Conocedor del río y de sus secretos, el pescador ganó numerosos concursos de pesca y compartió su conocimiento en la materia en un libro publicado en 2021

Benito Corolo en la exposición sobre la pesca, con las imágenes de su colección de moscas detrás. / D. Álvarez
Si alguien puede hablar de pesca en Cangas del Narcea es Benito Vega Queipo, más conocido por el mote familiar Benito Corolo. Nacido en 1941, en una casa a orillas del río Narcea de la villa canguesa, se crio en una familia de comerciantes y pescadores. Desde muy niño acompañó a su padre y sus tíos al río como ayudante y con cinco años comenzó a pescar, una afición que le acompañaría toda la vida, teniendo que abandonar la caña hace unos tres años.

Benito Corolo con su amigo, el tamibén pescador José Manuel Berdasco «Lulo el Bicho», en la exposición sobre la pesca en la Casa de Cultura. / D. Álvarez
Le tocó vivir la época en la que la caza y la pesca formaban parte del sustento esencial de muchas familias en el concejo. Años de posguerra, con muchas carencias, en las que la pesca y la caza se hacían imprescindibles para completar la alimentación de la población. «Eran los años de la fame, había poco que comer y el río era una ayuda grande, la pesca y la caza eran importantes para el pueblo, gracias a ello había carne y pescado, si no no habría nada», asevera. Su familia era la principal proveedora de peces del río y recuerda que, junto a otra familia, conocida como Los Cazadores, pudieron «mantener a buena parte del pueblo».
Efectos de los embalses
Hasta 1952, cuando se hizo el embalse de Pilotuerto, en la zona alta del Narcea no solo había truchas, también llegaban salmones, reos o lampreas. Unos peces que Benito Corolo recuerda ver durante su infancia a la altura del Puente del Infierno. Precisamente, fue allí donde prendió su primer salmón con tan solo ocho años. Era tan grande que se le escapó del brazo y volvió al río, una pérdida que no se le olvida: «Volví a casa llorando en bicicleta».
También fue consciente de cómo influyó la desaparición de los peces del río a raíz de la construcción de las presas, impidiendo que pudieran remontar río arriba. «Cortaron la migración de los peces y eso en Cangas se notó mucho, porque era una ayuda tremenda«, rememora.
Tardes de pesca desde niño
Benito Corolo, conocido por los pescadores como «El Maestro» se pasó las tardes de su infancia a orillas del río, pescando. Asegura que tras salir de la escuela se iba a pescar y cada tarde llevaba a casa hasta cinco kilos de peces. «Mi madre me decía que con lo que yo pescaba mantenía una familia, tenían que ir a buscarme al río, porque se me hacía de noche», rememora. Una afición que nunca abandonó. Desarrolló su vida laboral en la sucursal canguesa de Caja Rural y cuenta que, en temporada, continuaba yendo cada tarde al río a pescar hasta que caía la noche.
Pronto se convirtió en un pescador excepcional, admirado por los compañeros, aunque reconoce que no siempre fue así y que su destreza con la caña también despertó envidias. Practicaba una forma de pescar que era conocida como «estilo de pesca de Cangas» o de cebo corrido y confiesa que su mejor escuela la tuvo en casa, en su padre Manuel y sus tíos Paco y Pepe, que le enseñaron a entender el río. Tanto que siendo un niño desempeñó la función de acompañar a hombres de relevancia que llegaban a Cangas a pescar. Entre ellos, recuerda al que era médico de Franco, quien no pudo soportar que un niño pescara más que él y llegó a quitarle su caña de pescar y lanzarla, por suerte, sin que sufriera daños.
Gran conocimiento del río
Benito Corolo comparte su truco para conseguir que los peces piquen y es la forma de ofrecerles el cebo: «Hay que dejar el cebo caer en el agua como lo bajaría de forma natural el río«. Por supuesto, añade que el tiempo que haga también influye en que los peces salgan a comer y señala que el aire es el que lo determina. «Me llamaban de toda Asturias antes de venir para saber si era buen día para pescar o no», señala. «Los aires son los que inciden en sí los peces van a comer o no, y no es que lo diga yo, ya lo escuchaba en mi casa, que se hablaba del aire favonio, es el que sopla en contra del río suavemente, la referencia está en las copas de los árboles, las hojas tienen que moverse un poco al revés, y cuando sopla del sur no comen nada», detalla.

José Manuel Berdasco «Lulo el Bicho» y Benito Corolo observan el documental sobre la forma de pescar de Benito Corolo, que proyecta en la exposición sobre la pesca . / D. Álvarez
Un conocimiento del río y de la pesca atesorado durante años de experiencia y sabiduría familiar que le hizo no tener rival en el río y así lo demostró en los numerosos concursos a los que asistió mientras la Federación de Pesca lo invitó a participar. Recuerda que en el primero al que acudió, siendo un chaval, estuvo a punto de abandonar antes de empezar: «Llegué y estaban todos los participantes muy equipados, botas altas de pesca, bañadores, yo no tenía nada de eso, iba con una caña rústica, así que decidí marchar porque parecía mal, pero en la puerta me encontré con un pescador que me dio la vuelta». Acabó ganando el concurso, llegó a sacar 11 reos. «Fui campeón en todos los concursos a los que asistí, también uno nacional, y pude ganar un mundial, pero no me llamaron a mí para ir«, expone.
Lamento por el estado del río
Si algo lamenta Benito Corolo es haber visto como el río va «a peor» a lo largo de los años. «La gente que dirige no sabe lo que hay que saber del río y no se apoyan en los ribereños, consintieron la entrada de aves marinas a los ríos, que hace 30 años no había, y están acabando con las truchas», se queja.

Benito Corolo con su libro de recuerdos sobre la pesca. / D. Álvarez
Benito Corolo recogió en un libro, titulado «Recuerdos de un pescador de caña de Cangas del Narcea» y editado por la asociación «Tous pa tous. Sociedad Canguesa de Amantes del País» en 2021, toda su sabiduría sobre la pesca y sus vivencias en el río. El libro, junto a un pequeño documental donde este pescador cangués muestra cómo pescar, así como una colección de moscas confeccionadas por él mismo, forman parte de la exposición sobre la pesca organizada por el «Tous pa tous» y que se puede ver estos días en la Casa de Cultura, en el marco de la celebración de la Semana Cultural «Pescando cultura».


