Corvina de más de 30 Kg en Pesca Submarina en Asturias
Un submarinista de Gijón pesca una corvina de más de 30 kilos, más alta que él, con un arpón mientras buceaba: «Bajo el agua parecía aún mayor, fue como ver aparecer una vaca»
El arponazo fue el comienzo de una batalla para sacar este magnífico pez: «No podía hacer mucha fuerza para que no se soltara; es la captura de mi vida»

«Estaba sumergido a cinco metros de profundidad, escondido entre algas y detrás de una piedra, esperando a ver si se ponían a tiro dentones, un pescado con carne muy apreciada y difícil de capturar. Me di cuenta de que todos los peces estaban muy nerviosos, no paraban. Entonces miré hacia el otro lado y vi la razón, vi a la corvina salir de detrás de una piedra, un poco encorvada porque estaba cazando. Era gigante y debajo del agua lo parecía más, fue como ver aparecer una vaca. Tuve dos segundos para poder encararla con el fusil y disparé». El submarinista gijonés Avelino Álvarez explica así como este miércoles se encontró, por casualidad, con lo que ha dicho que es la captura de su vida, una corvina de unos 35 kilos de peso, con mayor longitud que el metro y 76 centímetros que mide este buceador. Una hazaña de pesca.
El arponazo fue sólo el comienzo de una batalla para poder lograr la captura y sacar este magnífico pez hasta la playa gijonesa en la que se había sumergido. Sujetar al pez con demasiada firmeza hubiera hecho que se desprendiera del arpón, desgarrándose la carne, por la fuerza que tenía un ejemplar de este calibre. Había que hilar fino y con paciencia, con firmeza, pero no demasiada.
Ir sujetándola para agotarla, pero sin excederse, aprovechando los 15 metros que unían el arpón al submarinista. «Fui acompañándola, manteniendo la tensión, pero sin hacer demasiada fuerza, para ir agotándola. El pez en el fondo, arrastrándome a mí por la superficie del agua. Me llevó lejísimo, mar adentro», explica este pescador deportivo gijonés.

Avelino Álvarez sujetando la corvina tras haberla capturado, con la costa de Gijón al fondo. / .
De hecho, hubo un momento en el que sintió cierto temor, no por el pez que estaba capturando, sino porque alguna moto acuática o alguna embarcación no vieran la boya de señalización que llevan los submarinistas y lo arrollara. Así, con el tira y afloja, el enorme pez y su captor se pasaron una hora. Cuando Avelino Álvarez pensaba que ya estaba agotada, se sumergía para recogerla, «pero en cuando me veía acercarse escapaba» nadando con las fuerzas que aún le quedaban. Vuelta a empezar.
A la hora, logró por fin su objetivo. Bajó a por la corvina, que estaba a entre 15 y 20 metros de profundidad, calcula, y la sacó a la superficie. El cansancio también había hecho mella en el submarinista, que tuvo la suerte de que en ese momento pasaba cerca de él una embarcación. Le hizo señales y le pidió ayuda. «Se acercó rápido, pensando que me estaba ahogando, hasta que se dio cuenta de lo que pasaba. Era además un amigo». Así evitó tener que arrastrar el pez a nado hasta la orilla.
Su amigo lo dejó cerca de la playa. Aún le quedaba subir las escaleras con el pez a cuestas, y abatir los asientos traseros de su coche para poder meterlo en el maletero. «Lo pesé en una báscula que llega hasta 30 kilos y me dio error, así que calculo que pesará 35 o 36 kilos. Ojalá fuera más, para repartir». Y es que se le ha quedado pequeña a la hora de dar partes de este pescado a sus familiares y a sus amigos.
Se da la circunstancia de que el día anterior había estado buceando ya con varios amigos en la misma playa, sin suerte en esa ocasión. Ahora dice que «jamás, en mis cuarenta años como buceador, vi algo así. En el sur, por el Estrecho, se pescan a veces de 10 o 12 kilos, pero de este tamaño no vi nunca. Es la captura de mi vida». No sólo por el enorme tamaño del pez, sino porque aunque se acierte con el arpón, un animal de este tipo es fácil que se escape desprendiéndose del arpón «porque tienen una fuerza impresionante». En esta ocasión, el buceador lo logró y el magnífico ejemplar acabará en el plato. En muchos platos.


